Laura

-“Cuando riegues , no te olvides de regar el cedrón que esta en la esquina de la huerta”

Así comenzó la historia con aquél árbol misterioso que acaparaba la atención de todos los cuidadores de aquellas tierras.

-“No, no me voy a olvidar” respondí, asumiendo de esa manera no solo un compromiso conmigo misma, sino con aquel árbol que sería desde ese momento mi responsabilidad.

A la mañana siguiente me desperté muy temprano, algo que para decir verdad se me había hecho costumbre, ya que mi compañero de cuarto tenía el sueño ligero, y entre ruidos de teclado, y encendido de garrafas sabía que un mate bien hecho sería un buen augurio para un nuevo día.

Con la panza llena, me dispuse a emprender la gran tarea de regado de aquellas tierras que finalizaría en aquél árbol tan solicitado.

La huerta se encontraba un poco destruida… se notaba que alguien algún tiempo atrás había sido capaz de brindarle tiempo y dedicación. Los canteros estaban marcados por botellas de vidrios de todos los colores, un pequeño sendero había sido construido para abrir el paso de los caminantes, así como también tres fuentes artificiales parecían haber sido soñadas estrategicamente para que el fluir del agua alimentará la vida de aquella pequeña porción de tierra.

Ahora la maleza parecía tapar los frutos de frutilla y de cereza, las cascadas no eran más que pequeños agujeros de tierra con agua estancada… y los senderos se habían escurrido entre pastizales. Con un poco de dificultad, arrastre la manguera hasta la esquina más recóndita de la huerta, y allí… como si me hubiese estado esperando hace tiempo… se encontraba el misteriosos árbol que no debía ser olvidado.

Me acerque, y con cuidado comencé a regarlo mientras en voz alta, como quien tiene una charla amena con un amigo confidente, le pregunte cual era el secreto de sus raíces y que historia contaban aquellas hojas un poco marchitas que decoraban el paisaje.

Como era de esperarse, como buen confidente se llamo al silencio y dejó que en ese pequeño ratito, mi mente y yo fabuláramos algunas teorías sobre su procedencia.

Era muy temprano para dejar volar muy alto la imaginación… pensé que si de algo me encontraba muy segura era que alguien muy especial había cuidado de él, y yo también lo haría durante el tiempo de paso que me encontrara en aquél lugar.

Creo que aquel monólogo despertó mis sentidos… de repente comencé a notar que a donde sea que iba dentro de aquella pequeña comarca, parecía encontrar pinturas, mándalas, y piedras firmadas por el mismo nombre: Laura. El misterio sobre aquél hermoso árbol… de repente también se develaba.

Pase varios días en aquellas tierras, también pasaron varias versiones de mi misma. Tuve varias conversaciones con aquél cedrón… lo regué, lo cuide. No voy a negar, que en ocasiones también me encontré pidiéndole consejos, o buscando de su compañía cuando la soledad me abrumaba.

Había sido testigo de como aquél árbol había echado raíces… había visto como aquella tierra había sido cuidada por aquel hombre compañero, que cultivo semillas hijos y cosecho frutos nietos.

Aquél gran árbol familiar tejía una gran historia sobre aquel nombre, y sin darme cuenta también alumbraba mi camino y me enseñaba a ver su luz.

Todos los días salía a caminar por el terreno y cuidadosamente elegía las flores silvestres que usaría para formar pequeños arreglos florales para las habitaciones de la casa…

Aquél padre- abuelo, que en ese momento me hablaba como hombre se confesaba con aquella verdad… que como todo lo luminoso de ese hogar, aquella también había sido una costumbre de su amada Laura.

Me gusta pensar, que cada mañana que regué aquel árbol, dándole un poquito de mi tiempo y de mi, él también me dio un poco de él, y… entre vientos y amaneceres me susurró y me prestó un poco de su luz.

Gracias Laura.

C/Indira

Aprendiz

“Estar acá, en este lugar, con esta gente, es mirar al futuro, en el presente, con mueca de pasado sin malaria, escuchando las mentiras que nos contamos y aceptando las verdades que nos ocultamos”

Estas fueron las lineas prestadas de un viajero que me dieron la bienvenida y que adornaban un pedacito de pared privilegiada, en el hostel que pronto se convertiría en mi hogar por algunos días.

Recuerdo haber pensado que el nombre “La casa del viajero” ya derramaba sobre todos nosotros algún hechizo que nos anunciaba con anticipación… que “seríamos” en un paso de tiempo… y como todos los pasos, no estaríamos exceptuados de algunos comienzos, ni tampoco de algunos finales. Aquella certeza escurridiza, nos interpelaba a todos de diferentes maneras, pero como un silencioso suspiro… nos acurrucaba en un un abrazo presente de “aquí y ahora” que enraizaba nuestras auras y tejía nuestros caminos.

Alrededor de una cama paraguaya naranja, un grupo de amigos me hizo invitada, y como una iniciación improvisada, debuté y me entregué a los placeres del vino rojo.

Recuerdo haber pensado que era demasiado temprano para beber, pero no dejaba de maravillarme por la astucia de aquél vino, que había logrado, traviesamente, convertirse en protagonista de aquella tarde.

Me descalce, y mientras regaba aquel gran árbol que nos regalaba algunas sombras… un hombre cálido, de origen Francés, pero con el corazón en Argentina se me acercó y me preguntó si podíamos hacernos compañía. Asentí con mi cabeza, y como dos viejos amigos nos sumergimos en la trama del otro y comenzamos la aventura de encontrarnos.

Filosofamos un rato, o eso creímos… me resultó gracioso pensar que en algún momento aquél hombre extraño se había acercado por mi compañía, y ahora era yo, quien se encontraba agradecida por estar acompañada.

Recuerdo lo mucho que me gustaba su acento, la forma en que pronunciaba las palabras y la paz de su voz. Me llamaba la atención la manera en que sonreía cuando armaba su tabaco, sus ojos color café claros y su mirada triste… que lo dejaba desnudo de a ratos, y a mi… sin palabras.

Continúe regando, y el continúo haciéndome compañía. El agua alimentaba a la tierra que daría nueva vida, y de la misma manera sucedía con aquellas lágrimas que brotaban de sus ojos y se escurrían tímidamente de su rostro.

El agua fluía y mojaba mis pies. Toque su hombro con ternura, y lo miré. No hizo falta decir nada. Creo que él también vio dentro de mi lo que en el alma cargaba, y tal vez… su futuro en mi presente, y un pasado sin malaria.

El tenía una historia que contar.

Yo… tenía algo que escuchar.

Es difícil saber en esta historia que fue mentira y que fue verdad…

quien fue el aprendiz

y quien fue el maestro.

/C. Indira

Un día de cuarentena

Hoy me levante no sabiendo bien que día es… no me sorprende demasiado, ya que el tiempo en estos días se ha vuelto un poco confuso.

Últimamente pienso mucho sobre el “Tiempo”.

Las horas parecen escurrirse entre mis dedos, los minutos a veces me saben a suspiros y otras tantas a inmortalidad. Algunos instantes se esfuman con cada parpadeo, y en cambio algunos perduran en mi memoria de camino a la eternidad.

Me levanto de la cama… el sol ya me hace cosquillas en la cara. Me miró al espejo, y sin previo aviso y sin invitación, un destello de tristeza quiere jugar a reflejarse en mis ojos. Rápidamente… lavo mi cara, cepillo mis dientes y mi pelo.

Estos días disfruto mucho de tener mi pelo suelto… me gusta pensar como los nativos de nuestras tierras, ya que ellos consideraban que sus cabellos eran la extensión de los pensamientos de la madre tierra y de ellos mismos. Así que prefiero dejarlo libre, como las hierbas de los campos que tanto anhelo que aprendamos a cuidar como humanidad.

Abro la ventana… y como una canción de cuna, el sol besa mi sonrisa que agradece un nuevo día.

Toco el pasto con mis pies, acaricio a mi fiel amigo que siempre abraza mi alma moviendo su cola; los pájaros cantan sonetos y bailan cuartetos… y sospecho que la naturaleza me ha invitado a una fiesta sorpresa.

Disfruto del calor de inti, de la compañía de un buen mate, e incluso me río de la soledad que intenta escurrirse en mi memoria con aquellas cosas que han sido, que ya se han ido, y que ya no están. También dejo entrar al futuro incierto, me gusta pensar que tal vez hablando con él pueda develar el misterio de lo que vendrá.

Escojo cuidadosamente la lectura que me deleitará el día, se que estoy atrasada, y desde el momento que abrí mis ojos, siguen acumulándose deberes que tengo que terminar.

Para ser sincera, aún no se bien porque corro con el tiempo, ya que todos hemos sido testigos de como el tiempo que se ha ido, ha matado a la prisa…

¿En que mundo hemos vivido hasta ahora? Pareciera que solo hemos aprendido a producirnos… pero no hemos aprendido cómo habitarnos.

Al parecer, hay luna nueva.

Para mi suerte, las estrellas se han alineado y hoy puedo salir de la fortaleza.

Subo a mi compañera de rutas, es extraño ser consciente de la cantidad de kms que compartieron mis pensamientos y su andar. También es extraño darme cuenta las decisiones que me trajeron hasta acá.

Pedalear… andar en bicicleta no se nos puede olvidar.

Una nueva ruta hemos de comenzar… una mente más clara en el pedal… un corazón fuerte latiendo como señal. Una voz contenta para cantar.

Había olvidado como me gusta que el viento juegue con mi pelo…

baile que ata y desata libertades…

enredándome con fuerza….

un poquito más

a

la

vida.

C/Indira.

Magia

Una escena mágica. Globos y banderines de colores decoran un patio pequeño repleto de macetas de todos los tamaños, macetas chiquitas y macetas grandes que parecen darle vida a una casita rosada de ladrillos, que es hogar de tantos corazones que juegan a encontrarse entre sueños de colores y corazones empapados de ilusiones.


Princesas y superhéroes bailando al ritmo de la murga, tambores y redoblantes que marcan su compás. Narices rojas que regalan sonrisas y crean las burbujas más gigantes y hermosas que jamás vi. Fueron invitados a la fiesta unos payasos, mezcla de teatro y payada de gauchos, que hicieron de su arte un instante de show de carcajadas… Un gorila amigo danzaba entre la multitud, y entre karaokes y regalos, la belleza para todos se sintió.


Protagonistas de la escena, unos jóvenes que llevan dentro suyo un niño que fueron, y que alguna vez “Cruz del Sur” abrigo y abrazo; y que ahora entre identidades y construcciones de proyectos, cuidan a esos niños que parecen ser otros, pero que entre espejos y tiempos que se han ido…hay algo en su mirada tan de ellos.

¿Creen en la magia? Hay magia en la entrega de quienes construyen un mundo mejor. Hay magia cuando el arte pinta murales, hay magia cuando la música tiende puentes, hay magia cuando se cuida lo que crece y se vela por la dignidad humana.

Hay magia cuando no somos indiferentes al dolor del Otro, ni mucho menos cómplices de la injusticia social.

Gracias por dejarme compartir un ratito de su magia y ser espectadora de este gran sueño.

Boquerón

Tierra de sueños guardados en corazones de barro.

Tierra de cosecha y de la buena siembra.


Tierra de los que aman su tierra y hechan raíces.

Tierra de Ito, Don Elsio, Hernán, Walter, Roberto, Mariano, Valen, Martín. Tierra de “La Chira”, Rulo y Calcha. Tierra de “La Sole”. Tierra que nos acobijó, que nos abrazo y que nos regalo en un pedacito de Chaco…un hogar al que volver.


Boquerón, de las distancias largas, pero donde los corazones laten muy juntos… de los dos besos para las bienvenidas y de los abrazos largos para las despedidas.

Boquerón, tierra de impenetrables, de historias de presencias que luchan con las ausencias; de sueños compartidos, tierra de aquellos que conocen el sueño de los que sueñan en grande, tierra de lucha de dignidades.


Tierra de amaneceres con el canto del gallo, tierra de siestas y de los atardeceres más naranjas que jamás vi.

Tierra de tiempos que no corren, tierra donde las miradas se encuentran con miradas, y uno siente y solamente es, con otro…

Tierra de hermandades y tejidos de comunidad.


Hay fuerza, y hay belleza cuando tantas personas entregan su tiempo, y parte de sus vidas a construir un mundo mejor.


Que el viento norte nos vuelva a encontrar… ESTAMOS JUNTOS

Mamá


Mi mamá tiene olor a jazmín y tierra mojada.
Mi mamá es de las que abraza con la mirada.
Mi mamá siempre fue una mamá joven, aprendió creciendo a ser mi mamá. También es fuerte y luchadora, que me enseñó que el amor es la fuerza más poderosa del mundo.
Mamá es maestra, y muchas veces viéndola a lo lejos, pienso que lo que más ama en el mundo mi mamá es ser mamá y enseñar.
Mi mamá me enseñó a jugar en el piso, sucia y sin zapatos; también me enseñó a amar el arte y los museos… como a la naturaleza. Mamá siempre me regaló tantos libros que a veces creo que gracias a ella descubrí lo que amo leer y escribir.
A mi mamá le gusta cantar en la ducha cuando está feliz, y también llora en la ducha cuando esta triste.
Mi mamá no es muy ordenada, siempre pierde la llave y olvida donde dejo su celular. Tampoco le gusta cocinar mucho, pero por eso hace el mejor arroz del planeta tierra.
A mi mamá le gusta que traigamos amigos a casa, siempre hay gente en nuestro hogar, de a ratos, de a paso, refugiados… eso amo de mi mamá, que a veces es un poco mamá de todos.
Mi mamá tiene la voz dulce, dulce como la miel, de las que te acarician el alma y es por eso… que cada noche antes de dormir le pido a Dios y a la vida que nunca me permita olvidarla.
Ella siempre dice que nosotras la salvamos, pero lo que no sabe es que en cada abrazo, en cada mimo y en cada “mi amor” ella nos salva

Bruno


Bruno siempre me dijo Índira. Con tilde al principio.
A Bruno no le gustaba mucho leer y escribir cuando nos conocimos… lloraba mucho cuando algo no le salía, y se enojaba tanto tanto que se volvía cómo el increíble Hulk.

Fuimos dando pequeños pasos que a veces nos hacían avanzar, y otros tantos, nos invitaban a pensar que a veces volver hacia atrás, no significaba retroceder, sino que debíamos buscar juntos otros caminos que nos ayudarían a crecer.


El día que aprendimos a escribir y leer solitos, los dos festejamos saltando de felicidad, la maestra nos abrazo muy fuerte y todo el público del aula nos aplaudió y también salto con nosotros.


Un gran trabajo en equipo, donde todos aprendimos a acompañar los diferentes procesos de aprendizajes de cada uno, que se dan de manera personal, pero que sin duda siempre es con la implicancia de un Otro.


Bruno es fanático de los robots y los dinosaurios. También es muy buen maestro de plantas, y de hormigas; y es el mejor cuenta cuentos de su clase.

Bruno odia la mentira, y va por la vida defendiendo la verdad y las “injusticias” de su grado. También es especialista en sacar tema de conversación al momento de hacer la tarea, y como buen compañero nos canta y nos comparte los hits musicales para que “disfrutemos de hacer la tarea con música”.

Bruno hace un año y medio que acompaña mis mañanas, que guardo a Hulk en su placard y me regala abrazos, besos y sus te quiero mucho.


Bruno me enseñó y me motivó a todos los días pensar nuevos caminos, nuevas maneras, nuevos enfoques… que en su andar y en su propio descubrir el mundo también interpeló mi mundo y las cosas que veo de el.


Año y medio de mucho amor, de grandes aprendizajes y de crecer juntos.
GRACIAS

Alan

Alan me dice “Ini”.

Cuando lo conocí, le gustaba decir “Si” cuando le decía “no”,y “no” cuando le decía “si”.

Ahora, de vez en cuando quiere volver a jugar a los no y los si mezclados cuando se enoja con los “No”, pero sabe que los “Si” se ganan solo si, SI ES SI y NO ES NO.

A Alan le gusta mucho el fútbol, sobre todo meter goles. Disfruta de dibujar y pintar con el color rojo, aunque dice que su color preferido es el azul. El se hace el fanático de las mandarinas, pero creo que su amor por las azuquitas de colores es mayor, así como su habilidad para comer papas fritas a escondidas.

Le gusta inventar nuevas reglas en el metegol, y a veces hace que llora cuando no lo dejo ganar,por eso yo le digo que algún día va a ganar un “Oscar” en su carrera de actor.

Hace poco leímos un libro de una Bruja malvada que decía muchos “No”, así que cuando lo reto le gusta decirme “Ini Buja”, así que tengo que mirar para otro lado para que no me vea reír cuando me dice así.

Alan es muy ordenado, siempre sabe dónde están todos sus lápices y sus cuadernos. Le gusta jugar a la mancha, pero no tanto ser la mancha. También juega a esconderse detrás de sus manitos y desaparecer. “Las escondidas” es nuestro juego favorito juntos, y tal vez el lugar donde aunque nos escondamos, más nos encontramos…

A Alan le gusta cantar cuando va al baño, desde el pasillo me paso largos ratos escuchando los conciertos que da y me sonrió cuando a la “Vaca Lola” le dice la “Vaca loca”… porque además de ser cantante es compositor.

Alan sueña con ser bombero, manejar un camión y tener mucha agua para apagar incendios.

Alan es un niño… y sin duda alguna, Alan es un niño feliz.

Tango al cielo

Los domingos sobre todo…

despierto recordando lo mucho que extraño el sonido de las ramas crujiendo…

y el nacimiento del fuego,

que en su esencia tantas veces nos alimentó y nos acobijó.

Tu voz ronca se escurre en todos los rincones de la casa, así como la letra de Gardel con su “Buenos aires Querido” y el farolito de la calle en que nací.

Aunque hace tiempo el centinela rompió con su promesa de amor

a la pebeta luminosa como el sol.

Recuerdo la pava siempre puesta, y el primer mate compartido al amanecer…

Recuerdo momentos teñidos de olor a pasto mojado,

recuerdos teñidos de olor a tabaco…

recuerdos pintarrajeados de silencios que se escuchan al nombrarte.

A veces… la noche nos encuentra desveladas intentando relatarnos los “por qué” de tu partida, y, sin decir tu nombre muy fuerte… recordamos las hazañas compartidas, las rutas recorridas y la conquista de cada pedacito de tierra que hicimos nuestro por un rato.

Aún hoy, cuando estoy al pie de una montaña inundas mi pensamiento, y me pregunto cuál es el secreto de tu amor por esos picos nevados que pudiendo tender puentes… hoy son muros entre nosotros.

En un camino de sinsentidos, ahora soy yo quien te busca en cada montaña, en cada suelo que camino y en cada cima donde planto bandera.

Te robamos el ritual de conciertos en la ducha, los viernes de cerveza y un quesito, los karaokes a deshora y la poda de jardín.

Entre risas, esbozamos nuestras máximas, y nuestra ley primera… y cómo en la historia no hay Merceditas sin San Martín, nos regalaste a Don Quijote como biblia, y algunas leyes que se tejieron en presencias donde estas y somos juntos como antes.

Todavía, cada noche antes de irme a dormir

miro al cielo y te regalo algunas palabras…

Me gusta pensar… que donde sea que estés

mirando al cielo…

nos

cantas

algún

tango.

/C. Indira

Ventanas

Hay ventanas de todo tipo: grandes, pequeñas, de distintas formas y colores; con cortinas, sin cortinas, con persianas… sin persianas.

Hay ventanas abiertas, que nos dejan ver a través de ellas; y hay ventanas cerradas… que no nos dejan entrar.

Hay ventanas ordinarias y rectangulares; otras un poco dogmáticas y cuadradas. Hay ventanas excéntricas y hechas a medida.

Hay ventanas prisioneras, que encierran corazones.

Hay ventanas soñadoras, con anhelos… que se despiertan con cada rayito de sol.

Hay ventanas que son ausencias… que sufren en silencio cuando se iluminan las estrellas.

Hay ventanas de fantasía, que eligen los colores para pintar cada día… hay ventanas que son melancolía, donde la lluvia llama a los tiempos de sonrisas.

Hay ventanas que son muy frías… donde la nieve ha congelado las caricias.

Hay ventanas que son tormentas, cada trueno estruje un dolorcito en el alma.

Hay ventanas que son desiertos… repletos de arena, no oyen nada, ni tampoco pueden ver; y sin embargo saben que pronto llegará el oasis.

Hay ventanas compartidas, de esas que creen que la vida es más linda cuando se es con otros.

Hay ventanas nómadas, de esas que un día te encuentran al pie de una montaña y al otro día disfrutando de la inmensidad del mar.

Hay ventanas de amaneceres, de las que se enamoran de los nuevos días y de los nuevos comienzos…

hay ventanas de puestas de sol, que despiertan el día agradecidas de lo que se ha ido para abrazar a lo que viene con amor.

Hay ventanas que nos dejan mirar a través de ellas el mundo exterior y sin embargo… terminan por dejarnos ver

nuestro mundo

interior.

C/Indira